Titán

Esta historia mostrará más de CLS Consultoría de lo que jamás verías si se desnudara.

Lo que leerás aquí irá más allá de una intimidad. Y no será encontrado en ningún baúl de ninguna casa, ni en ningún recuerdo de ninguna persona. Porque lo que aquí yace es la memoria – la cicatriz viva – de más de 13 corazones juntos.

Si tú hoy, decides embarcarte en esta breve historia, entre verás la vida de la columna que sostuvo los pilares de nuestra asesoría.

Y palparás con tus ojos, todo aquello por lo que un gran hombre se desvivió.

Algo especial que hoy, nuestros 13 asesores, vierten en cada cliente.

Su historia… empieza así:

1994

Un hombre de aspecto titánico y voz grave entra a un túnel oscuro, ilusionado. Balancea unas llaves brillantes en el aire. El sonido rebota furioso entre las paredes del túnel.

Cling cling, cling cling, cling cling.

Cling.

En medio de La Laguna, entre el gentío, las risas y los cabreos inusitados… 

En la oscuridad del Túnel Aguere. Una persona entra por primera vez a su propia oficina. 

Una oficina pequeña.

Barata.

Una de esas que podría tener cualquier empresario o empresaria dispuesta a pagar un préstamo y a soñar que un día, quizás cuando ya vista canas, podrá vivir en París 6 meses sí y 6 meses no, con una huertita llena de lechugas y cero hipotecas que pagar.

Al entrar en su oficina el Titán miró a su alrededor y…

Suspiró y pensó:

“¿Cómo puedo hacer que esto se llene de gente? 
¿Cómo puedo ganarme una reputación honrada?”.

Le vinieron a la mente 2 respuestas.

Una por cada pregunta:

“Seré un hombre de palabra”.
“Haré las cosas bien”.

¿Qué hizo pues el Titán después de entrar a la Oficina?

Salió de ella, la cerró a cal y canto y una vez se figuró como podría ayudar a las empresas de La Laguna, cinceló planes en los bastiones de su mente y trabajó.

Y trabajó.

Y trabajó.

Y luego se bebió un whisky con uno de sus primeros clientes. Y lo disfrutó.

Y ganó dinero y se sintió feliz.

Y sudó.

Y esta vez, escuchó la historia de 2 hermanos que estaban a punto de quebrar. Y le comentaron como sus empleados más jóvenes le tomaban el pelo y como el SEMAC se lo iba a poner difícil. Y se pegó una semana casi sin dormir arreglando papeles y hablando con clientes en común. Y volvió a hacer lo que mejor sabía hacer: 

Trabajó… Trabajó.


Y hubo una Entrevista…

Cuando entrevisté a su mujer e hijo, no pude evitar preguntarles:

— “Oye ¿por qué Luis fundó CLS Consultoría? ¿Qué le motivaba?” 

“Pues mira, al principio fue por dinero. Solo al principio.”  — me dijeron.


(Nos acercamos, codos sobre la mesa).


“Luego lo hizo por afán de superación. Tuvo unos inicios humildes. MUY humildes. Luego, más adelante, lo hizo por dejarle un porvenir a su familia. Y entre medias, yo creo que Luis lo hizo por cumplir con sus sueños e ilusiones. Tal y como lo hacen la mayoría de personas. Él era un buen hombre. Pero ante todo, era un hombre”.

Luis:

  • Quería oler el salitre invisible de las costas de Francia. 
  • Deseaba contemplar la Torre Eiffel desde su ventana 6 meses al año. 
  • Quería hundir sus manos en el barro y ver sus uñas sucias.
  • Quería coger su Harley Davidson y notar la fuerza del viento contra su pecho.
  • Le gustaba esnifar el hedor a gasolina y sentirse como un pájaro en el cielo.
  • Se moría de ganas de quitarse la corbata y surcar la mar en un barco. Y,

Quería hacer a su pareja sonreír.

Como él decía, quería protegerla: “como un cuadro protege a una pared”

Siempre delante de ella. 
Siempre al lado de ella. 
Siempre compartiendo el espacio con ella.

Juntos.

Inseparables–Como lo siguen siendo.

Lo que el Titán Fraguó para TI.

Como ya sabes, para que una asesoría sea considerada buena, hacen falta una serie de atributos. Hace falta:

  • Puntualidad.
  • Sinceridad.
  • Habilidad de escucha.
  • Agilidad en el trabajo.
  • Empatía.
  • Actualización.
  • Sangre.
  • Palabra.

Luis Simó siguió esta lista como un mantra. Un dogma inamovible.

Invirtió en CLS Consultoría para poder ofrecerle a los jóvenes y no tan jóvenes empresarios un asesoramiento de utilidad. Un asesoramiento basado en los principios de una mente que ponía la reputación y la familia por encima de todo.

Por ejemplo, para que CLS brindara sinceridad y transparencia, se mantuvo duro y justo:

  • Si él cometía un error lo admitía en público.

  • Si un miembro de su equipo cometía un error, él iba donde estaba y preguntaba:

(Palabras exactas) — “¿Qué pasó con Fulanito de tal?

  • Si le decía la verdad, tenía suerte. Luis cobraba los palos, devolvía el dinero si tenía que devolverlo y resolvía lo que tuviera que resolver sin culpar a su empleado. Muy rara vez se tocaba la póliza de responsabilidad civil.

  • Ahora bien, si mentía, el Titán ardía.

Otra cosa que hacía el Titán es que siempre que llegaba a la oficina nunca entraba en su despacho hasta que no había saludado a todo el mundo. Así alentaba a los clientes y a sus compañeros a ser más empáticos, más humanos, más cercanos con la clientela.

Si iba a cobrar, no se limitaba a esconder el dinero en el bolsillo e irse corriendo. No. Él se paraba allí y charlaba con los clientes. De uno a uno. Preguntando con interés:

“¿Cómo va el negocio? ¿Te apetece ir a comer algo? Yo invito.”

Y por último.

Para ofrecerte calidad en el asesoramiento. Algo que ahora a muchas personas ya les parece perdido, hacía una tontería.

No paraba de aprender.

Incluso si eso significaba acudir a cursos nocturnos o “leer Reales Decretos una y otra vez hasta memorizarlos”, como su mujer me comentó cuando encontró varias libretas cargadas de recortes de periódicos y reglamentos dentro de las gavetas de la mesa de su despacho.



Concluyendo.

El 21 de mayo de 2021 a las 05:25, Luis Simó abdicó definitivamente su buen hacer y lo depositó en las manos de quienes él consideraba su verdadera familia para que así…

… Tú, si algún día decidías reservar cita con ellos y entrabas por la puerta de la oficina… pudieras pasar el mostrador, recorrer el pasillo, sentarte en alguna silla y hablar con algún asesor… sabiendo que, cuando salieras del despacho, dejarías tus problemas en buenas manos.

En unas manos que meterían tus problemas en la fragua para transformarlos en soluciones, ahorro y lealtad.

Porque al fin y al cabo, esta asesoría es – y siempre lo será mientras viva – su legado.

Y su legado es la enseñanza de que al cliente hay que ayudarle:

Una.

Dos.

Tres.

Y hasta mil veces.

Si en algún momento quieres asesorarte, aquí estamos

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